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25/10/2019

Seis claves para reconocer las plataformas digitales democráticamente comprometidas

Una investigación sobre innovación socioeconómica reclama una apuesta por las iniciativas colaborativas


En la era de internet, el boom de las plataformas digitales se ha convertido en un arma de doble filo. Aunque la mayoría de estas iniciativas en red se promocionan como proyectos comprometidos con una sociedad más colaborativa, en la práctica no todas funcionan realmente así. ¿Pero cómo diferenciar las iniciativas que promueven la cooperación de las que están orientadas a la obtención de beneficios? Investigadores del Digital Commons Research Group (Dimmons), de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), sugieren el uso de una herramienta analítica que ayuda a visualizar las cualidades democráticas de las iniciativas y proporciona información sobre su sostenibilidad desde varias perspectivas.

La herramienta conocida como Sharing Star es un recurso que permite estudiar y caracterizar los diferentes tipos de iniciativas digitales de economía colaborativa. Por medio de ella, los expertos apuntan seis claves para clasificar las plataformas digitales: la gobernabilidad, el modelo económico, las políticas tecnológicas, el conocimiento, la responsabilidad social y el impacto de estas iniciativas. «Necesitamos una comprensión adecuada y una herramienta para distinguir los distintos modelos de economía de plataforma, sus potenciales implicaciones políticas y sus efectos, para poder contribuir a informar sobre políticas adecuadas, desplegar agentes sobre el terreno y fomentar el desarrollo tecnológico», argumenta Mayo Fuster Morell, autora de la propuesta y directora del grupo de investigación Dimmons sobre innovación socioeconómica del Internet Interdisciplinary Institute (IN3) de la UOC.

Diferentes modelos, diferentes escenarios

Los expertos explican que, si bien es cierto que en las últimas décadas las plataformas digitales han crecido de forma exponencial, sigue habiendo poca visión crítica sobre el fenómeno. «Las plataformas digitales tienen un aglutinador común, que es que son herramientas que hacen de intermediarias entre grupos de personas. Se utilizan como recursos para intercambiar, compartir y colaborar. A partir de ahí, podemos encontrar un abanico muy grande de tipologías de proyectos», comenta Ricard Espelt, también investigador de Dimmons en este proyecto.

Las iniciativas más conocidas, de hecho, a pesar de ser las más visibles, no representan la variedad de modelos de negocio que actualmente existen. Las empresas de transporte privado Uber y Cabify, por ejemplo, encajarían dentro del conocido modelo «unicornio», en el que el objetivo es maximizar el beneficio económico. Las cooperativas de plataformas como Som Mobilitat o Katuma, en cambio, estarían entre las iniciativas que fomentan la colaboración. Nada tiene que ver, por ejemplo, el modelo de Airbnb con el de Fairbnb; y es que, aunque ambas iniciativas se dediquen a gestionar el intercambio de alojamientos, una está basada en la especulación, mientras que la otra está basada en conceptos como la economía circular o el turismo sostenible.

La diferencia entre apostar por la una o por la otra, argumentan los expertos, también plantea diferentes escenarios de ciudad, futuro y sostenibilidad. «Necesitamos tener una perspectiva crítica y holística sobre el desarrollo de este tipo de proyectos e ir más allá», argumenta Espelt. El estudio y clasificación de los diferentes tipos de plataformas presentado por Dimmons permitiría, por ejemplo, visualizar las cualidades democráticas de estos proyectos y, a su vez, proporcionar información sobre su sostenibilidad. Es decir, indagar en cuestiones como qué rol ejercen los usuarios dentro de cada plataforma, quién tiene el control de los datos o qué tipo de impacto social tiene el proyecto. Esta perspectiva, a su vez, permitiría explorar nuevos modelos basados en conceptos como el cooperativismo de plataforma, la economía solidaria o el desarrollo de tecnología abierta.

El futuro de estas iniciativas

Hasta ahora, las críticas más comunes a este tipo de plataformas plantean, entre otros, el problema que supone que este tipo de proyectos se apropien del valor aportado por los usuarios para el beneficio de un grupo restringido de personas. Los responsables de Sharing Star argumentan que este tipo de reproches tan solo harían referencia a plataformas como Uber, Cabify o Airbnb, o, en el ámbito anglosajón, TaskRabbit o oDesk, ambas dedicadas a la conexión entre empresas y profesionales free lance. «Empresas como Deliveroo o Glovo, por ejemplo, nacieron con la narrativa de la flexibilidad laboral y, al final, se ha demostrado que los trabajadores se convierten en esclavos de los algoritmos de la plataforma», comenta Espelt.

En contraposición con estas, en el libro Sharing Cities se recogen algunas iniciativas de plataformas digitales con impacto en la ciudad de Barcelona, como Goteo (plataforma de microfinanciación —o crowdfunding— y de financiación de contrapartida —o matchfunding—, constituida como fundación), Katuma (cooperativa para el consumo de productos agroecológicos), Pam a Pam (plataforma para promover el consumo responsable), XOBB (plataforma para fomentar la inclusión), eReuse (plataforma para promover la reutilización de ordenadores y la tecnología abierta) o Freesound (banco de sonidos con contenidos gratuitos para estudiantes, creadores e investigadores).

Los expertos argumentan que el futuro de este tipo de plataformas pasa por abordar retos y oportunidades que hoy por hoy quedan pendientes. Entre ellos, la falta de una regulación clara de la actividad y la confusión, incertidumbre y ambigüedad que plantean estas iniciativas. Asimismo, también faltará por ver cómo el desarrollo de estas nuevas tecnologías se integra con otras cuestiones como la sostenibilidad tecnológica y económica, el impacto ambiental, el género o la inclusión.